¿Quién es Alejandro Cebulla León?
Alejandro Cebulla León sirvió durante 25 años en el Ejército Nacional de Colombia, alcanzando el grado de coronel. Al mando del Batallón Pantano de Vargas, ubicado en Granada, Meta, ocurrieron graves violaciones a los derechos humanos: asesinatos y desapariciones forzadas de personas civiles que debían ser protegidas por el Estado colombiano.
Hoy comparece voluntariamente ante la JEP como máximo responsable de esos hechos. Rechaza el tratamiento por su grado militar —”mi cédula dice Alejandro Cebulla León, y así pido que me llamen”— porque considera que usar el rango equivale a revictimizar a quienes sufrieron el conflicto. Luego de ser deportado desde Estados Unidos donde residía, fue recluido en el Centro de Reclusión Militar de Puente Aranda en Bogotá durante cinco años y medio. Desde 2017 lleva casi diez años en el proceso de comparecencia ante la JEP.
El reconocimiento: asumir sin evasivas
Ante los consejeros y consejeras de paz de Neira, Cebulla León leyó fragmentos del texto que presentará en el acto público de reconocimiento programado para junio de 2026 en Villavicencio. Sus palabras fueron directas:
“Yo tenía el deber constitucional de proteger la vida y la dignidad de la población civil y bajo mi responsabilidad esos hechos ocurrieron. No fueron hechos aislados, se repitieron, se consolidaron en patrones que hoy reconozco sin evasivas. La falla no fue abstracta, la falla fue mía.”
Reconoció que bajo su mando se consolidó una práctica criminal reiterada, que en algunos casos involucró connivencia con el Bloque Centauros de las Autodefensas, y en otros, actuaciones directas de miembros del batallón. Aceptó la calificación jurídica de la JEP: crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en los municipios de Granada, Fuente de Oro, San Martín de los Llanos, Cubarral, Medellín del Ariari, El Castillo, Lejanías y San Juan de Arama.
Subrayó que el daño no se limitó a las personas asesinadas: afectó a familias enteras que durante años cargaron con el estigma de que sus seres queridos “eran de las FARC” o “eran delincuentes”, afectó economías campesinas, proyectos de vida y la confianza de las comunidades en las instituciones del Estado.
Gestores de Restauración: un segundo proyecto de vida
Como resultado de su proceso de comparecencia, Cebulla León lidera Gestores de Restauración, un equipo integrado por 77 militares, cuatro policías y un civil que actuó como guía de patrullas, todos comparecientes ante la JEP. El equipo opera sin recursos externos —no es ONG, fundación ni asociación—, pues considera que recibir financiación sería incoherente con el daño causado.
La identidad del equipo fue creada por Nathan Domínguez, hijo de una víctima asesinada por las autodefensas. Su símbolo es un corazón con la bandera de Colombia atravesado por una cicatriz blanca —que representa el conflicto armado— con una flor “no me olvides” en amarillo. El eslogan: Verdad y Perdón. “Verdad es lo que tenemos que decir, y el perdón hay que ganárnoslo”, explica Cebulla León.
El equipo trabaja en tres ejes: memoria, dignificación y garantías de no repetición. Sus actividades incluyen encuentros dialógicos con víctimas y comunidades en todo el país —Risaralda, Caldas, Huila, costa atlántica y más—, aportes a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), y acciones restaurativas concretas como los Cofres de Dignificación.
Cofres de Dignificación: una acción humanitaria que nació del dolor
Hace tres años, durante un encuentro en Pereira con la UBPD, Cebulla León descubrió que los restos de personas desaparecidas se entregaban a las familias en bolsas de polietileno o sábanas. Esa imagen lo impulsó a crear los Cofres de Dignificación, una de las acciones restaurativas más significativas del equipo.
Cada compareciente compra su propia madera y, mientras la trabaja, reflexiona sobre la persona que va a ocupar ese espacio: cómo fue asesinada, qué sintió su familia, qué proyectos de vida se truncaron. Al terminar, graba un video narrando cómo el ejercicio impactó su propia vida. Los cofres son pintados por un joven víctima del conflicto, que dona su trabajo. El costo de cada cofre —aproximadamente $630.000 pesos— es asumido íntegramente por el compareciente.
A la fecha llevan construidos 42 cofres, donados a la UBPD para entregas dignas de restos esqueletizados. Cada cofre mide 60 x 30 x 30 cm, dimensiones suficientes para alojar los restos de una persona de manera digna. Ya han participado en dos entregas oficiales en Medellín y en Caldas.
La JEP, la UBPD y el Sistema Integral de Paz: herramientas para las comunidades
Durante la capacitación se explicó el funcionamiento del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), conformado por la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (ya concluida), la Jurisdicción Especial para la Paz y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.
La JEP investiga y sanciona a los máximos responsables del conflicto a través de 11 macrocasos. El macrocaso 03 concentra los crímenes de ejecuciones extrajudiciales —los “falsos positivos”— y el macrocaso 08 trata los nexos con las autodefensas. Cebulla León enfatizó que el fenómeno no fue exclusivo de algunas regiones: ocurrió en todo el territorio nacional. Caldas, presentado históricamente como ajeno a la violencia, tiene nueve municipios con medidas cautelares sobre cementerios: Chinchiná, Manizales, Manzanares, Aranzazu, Samaná, La Merced, La Dorada, Pennsilvania y Riosucio.
La UBPD cuenta con sede territorial en Manizales desde hace aproximadamente un año. Su carácter es extrajudicial y humanitario: lo que los aportantes declaran ante ella no puede ser trasladado a ningún ente judicial, lo que garantiza que la verdad fluya sin temor a consecuencias penales adicionales. Su misión central es encontrar a las personas dadas por desaparecidas, identificar fosas comunes y devolver los restos a sus familias con dignidad.
El perdón: una deuda que hay que ganarse
Uno de los mensajes más contundentes de la jornada fue el de Cebulla León sobre el perdón. Para él, el proceso restaurativo no consiste en pedir perdón como acto verbal y dar vuelta a la página. “El que falla no puede decir perdóname y ya. Aquí hay que ganarse el perdón.”
Explicó que los comparecientes atraviesan primero un proceso de autoperdón —reconocer frente a sí mismos lo que hicieron— antes de poder presentarse ante las víctimas con coherencia. “Cuando yo paso ese primer filtro, hablo con mi familia, con mis hermanos. Y cuando he podido sacar eso, puedo llegar a las víctimas mirándolas a los ojos.” Reconoció que, con más de 47 personas asesinadas bajo su mando que él conociera, ese proceso todavía no ha terminado para él.
Fue explícito en que ninguna víctima tiene la obligación de perdonar a un violador de derechos humanos. El perdón, si llega, debe nacer libre y voluntariamente de la víctima, solo cuando ella considere que las acciones del compareciente realmente restauran y reparan.
El rol del Consejo de Paz: multiplicar la verdad en las comunidades
Cebulla León fue claro en el llamado que dirige a los líderes sociales y comunitarios: son ellos y ellas quienes pueden llevar a sus comunidades la información necesaria para que las personas afectadas por el conflicto conozcan sus derechos y los mecanismos disponibles.
Orientó a los consejeros y consejeras sobre el procedimiento para que habitantes de sus comunidades puedan ser reconocidos formalmente como víctimas ante la JEP e incluidos en los macrocasos correspondientes. Aclaró que este reconocimiento no implica compensación económica, sino la posibilidad de recibir aportes de verdad de los comparecientes y participar en los procesos de reparación simbólica.
“Ustedes van a ser multiplicadores de todo este ejercicio para que esto no se vuelva a repetir. Donde ustedes son líderes sociales, hay personas que han pasado por esas situaciones. Háblennos, qué es esto, y vayan a las instancias que tienen que asistir. No van a ser amenazadas”
La jornada vivida con Alejandro Cebulla León nos deja una profunda convicción: la paz no es una firma en un papel, es un ejercicio diario de valentía, verdad y humanidad. Desde la Veeduría Ciudadana, como parte activa del Consejo de Paz Municipal de Neira, celebramos que espacios como este sean posibles, donde la voz de quien reconoce su responsabilidad se convierte en semilla de sanación para comunidades que han cargado por demasiado tiempo el peso del silencio y el olvido. Ver a un hombre que eligió la verdad sobre la comodidad, la reparación sobre la indiferencia y el servicio sobre el protagonismo, nos reafirma que Colombia tiene la capacidad de transformarse desde adentro. Neira, como municipio comprometido con los Acuerdos de Paz, asume con orgullo su rol de multiplicador de esta memoria viva, convencidos de que cada historia contada con honestidad, cada nombre dignificado y cada familia que encuentra respuesta, nos acerca un paso más a la reconciliación que todos merecemos. Este es el camino, y estamos dispuestos a recorrerlo juntos.
Esta jornada de capacitación, celebrada en Neira, Caldas, se enmarca en el cumplimiento de los compromisos del Consejo de Paz Municipal frente a los Acuerdos de Paz. La labor de espacios como este es fundamental para construir memoria, dignificar a las víctimas del conflicto armado y garantizar, desde las comunidades, que los hechos del pasado no se repitan.
