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/ Apr 15, 2026

Veeduría Ciudadana Nacional de Control Social a la Gestión Pública – Res. P.M.N 015 2025 

“La verdad completa es lo mínimo que les debo”

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En Neira, Caldas, no se realizó una simple capacitación. Se abrió un espacio de confrontación ética y pedagógica sobre el sentido del reconocimiento en el marco del Sistema Integral para la Paz. Ante el Consejo Municipal de Paz, Héctor Alejandro Cabuya De León explicó qué significa comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz como máximo responsable y qué implica sostener esa condición con acciones verificables.

“No habló desde el rango. Habló desde su nombre”

¿Quién es Héctor Alejandro Cabuya De León?

Héctor Alejandro Cabuya De León sirvió durante 25 años en el Ejército Nacional de Colombia, alcanzando el grado de coronel. Bajo su mando en el Batallón de Infantería N° 21 “Batalla Pantano de Vargas”, con jurisdicción en Granada, Meta, ocurrieron graves violaciones a los derechos humanos: asesinatos y desapariciones forzadas de personas civiles que debían ser protegidas por el Estado colombiano.

Hoy comparece voluntariamente ante la JEP como máximo responsable de esos hechos. Ha aceptado la calificación jurídica de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en el marco del macrocaso 03.

Rechaza que se le trate por su grado militar. “Mi cédula dice Héctor Alejandro Cabuya De León, y así pido que me llamen.” Considera que usar el rango perpetúa una lógica que desconoce el dolor de las víctimas.

Luego de ser deportado desde Estados Unidos, donde residía, fue recluido en el Centro de Reclusión Militar de Puente Aranda en Bogotá durante cinco años y medio. Desde 2017 permanece en proceso de comparecencia ante la JEP.

El reconocimiento: asumir sin evasivas

Ante los consejeros y consejeras de paz de Neira, Cabuya De León leyó fragmentos del texto que presentará en el acto público de reconocimiento programado para junio de 2026 en Villavicencio. No fue un acto protocolario. Fue un ejercicio de coherencia anticipada frente a la dimensión fáctica, jurídica y restaurativa del reconocimiento.

Sus palabras fueron directas:

“Yo tenía el deber constitucional de proteger la vida y la dignidad de la población civil y bajo mi responsabilidad esos hechos ocurrieron. No fueron hechos aislados, se repitieron, se consolidaron en patrones que hoy reconozco sin evasivas. La falla no fue abstracta, la falla fue mía.”

Con esa afirmación asumió su posición de garante como comandante y su responsabilidad por acción y omisión dentro de la estructura bajo su mando. Reconoció que no se trató de hechos individuales desconectados, sino de una práctica criminal reiterada. Señaló que en algunos casos existió connivencia con el Bloque Centauros de las Autodefensas y, en otros, actuaciones directas de integrantes del batallón.

Aceptó la calificación jurídica de la JEP por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en los municipios de Granada, Fuente de Oro, San Martín de los Llanos, Cubarral, El Castillo, Lejanías y San Juan de Arama.

Subrayó que el daño no se limitó a las personas asesinadas. Afectó familias enteras que durante años cargaron con el estigma de que sus seres queridos “eran de las FARC” o “eran delincuentes”. Se deterioró el buen nombre, se fracturaron vínculos comunitarios, se afectaron economías campesinas y se debilitó la confianza en las instituciones del Estado.

Gestores de Restauración: Segundo proyecto de vida

Asumir coherencia entre palabra y acción

Como resultado de su proceso de comparecencia surgió Gestores de Restauración. Cabuya De León lidera un equipo integrado por 77 militares, cuatro policías y un tercero civil participe del conflicto que actuó como guía de patrullas, todos comparecientes ante la JEP.

No es una ONG. No es fundación. No es asociación. Opera sin recursos externos. La decisión es deliberada. Consideran que recibir financiación sería incoherente frente al daño causado. La restauración no puede convertirse en una actividad patrocinada. Debe sostenerse desde la responsabilidad personal.

La identidad del equipo fue creada por Nathan Domínguez, hijo de una víctima asesinada por las autodefensas. El símbolo es un corazón con la bandera de Colombia atravesado por una cicatriz blanca que representa el conflicto armado. Sobre ella, una flor amarilla “no me olvides”. El eslogan sintetiza la exigencia ética asumida: Verdad y Perdón.

“Verdad es lo que tenemos que decir, y el perdón hay que ganárnoslo.”

El equipo trabaja en tres ejes: memoria, dignificación y garantías de no repetición. Desarrolla encuentros dialógicos en territorios como Caldas, Huila, “Cofres de Dignificación”.

Asumir coherencia entre palabra y acción significa que el reconocimiento público debe traducirse en prácticas verificables. La responsabilidad no termina en la audiencia. Continúa en el territorio.

Cofres de Dignificación: una acción humanitaria que nació del dolor

Hace tres años, durante un encuentro en Pereira, conoció que en algunos casos los cuerpos esqueletizados eran entregados a las familias de una manera poco digna. Esa realidad lo confrontó.

De allí nació el proyecto Cofres de Dignificación.

Cada compareciente compra la madera con recursos propios. Mientras construye el cofre reflexiona sobre la persona que ocupará ese espacio, sobre la espera de su familia y sobre los proyectos truncados. Al finalizar graba un video donde explica el impacto del ejercicio en su proceso de responsabilidad.

Los cofres son pintados por un joven víctima del conflicto armado que dona su trabajo. El costo aproximado de cada cofre, alrededor de $630.000 pesos, y es asumido íntegramente por el compareciente.

A la fecha se han construido 42 cofres, donados a la UBPD y a la JEP dentro de los Planes de Búsqueda para ser empleados en Actos de Entrega Digna. Cada cofre mide 60 por 30 por 30 centímetros. El equipo ha participado en entregas oficiales en Medellín y en Belalcázar, Caldas.

El cofre no pretende reparar lo irreparable. Busca garantizar dignidad en el momento del retorno.

La JEP, la UBPD y la Comisión de la Verdad: herramientas para las comunidades

Durante la capacitación se explicó el funcionamiento del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Está conformado por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, cuyo mandato ya concluyó; la Jurisdicción Especial para la Paz; y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.

La JEP es el componente judicial. Investiga y sanciona a los máximos responsables a través de 11 macrocasos. El macrocaso 03 aborda las ejecuciones extrajudiciales. El macrocaso 08 estudia la relación entre miembros de la Fuerza Pública y estructuras paramilitares.

Cabuya De León enfatizó que estos fenómenos ocurrieron en todo el territorio nacional. Caldas tiene nueve municipios con medidas cautelares sobre cementerios: Chinchiná, Manizales, Manzanares, Aranzazu, Samaná, La Merced, La Dorada, Pensilvania y Riosucio.

Habla que la UBPD tiene carácter extrajudicial y humanitario. No investiga ni sanciona. Busca personas dadas por desaparecidas, recupera cuerpos esqueletizados y fragmentos óseos y los entrega dignamente a sus familias. La información aportada ante la UBPD no tiene efectos judiciales adicionales, lo que facilita que la verdad fluya.

El perdón: una deuda que hay que ganarse

Uno de los mensajes más contundentes de la jornada fue el de Cebulla León sobre el perdón. Para él, el proceso restaurativo no consiste en pedir perdón como acto verbal y dar vuelta a la página. “El que falla no puede decir perdóname y ya. Aquí hay que ganarse el perdón.”

Explicó que los comparecientes atraviesan primero un proceso de autoperdón —reconocer frente a sí mismos lo que hicieron— antes de poder presentarse ante las víctimas con coherencia. “Cuando yo paso ese primer filtro, hablo con mi familia, con mis hermanos. Y cuando he podido sacar eso, puedo llegar a las víctimas mirándolas a los ojos.” Reconoció que, con más de 47 personas asesinadas bajo su mando que él conociera, ese proceso todavía no ha terminado para él.

Fue explícito en que ninguna víctima tiene la obligación de perdonar a un violador de derechos humanos. El perdón, si llega, debe nacer libre y voluntariamente de la víctima, solo cuando ella considere que las acciones del compareciente realmente restauran y reparan.

El perdón: una deuda que hay que ganarse

Para Cabuya De León, el perdón no es una fórmula verbal. Es una deuda ética.

“Quien falla no puede decir perdóname y ya. Aquí hay que ganarse el perdón.”

Explicó que el proceso comienza por un reconocimiento interno. Solo después puede hablar con su familia y luego presentarse ante las víctimas con coherencia. Reconoció que, posee conocimiento de más de 47 personas asesinadas bajo su mando, ese proceso no está cerrado para él.

Fue claro en un punto esencial. Ninguna víctima tiene la obligación de perdonar. El perdón solo puede surgir de manera libre cuando la víctima considere que las acciones son reales y suficientes.

El rol del Consejo de Paz: multiplicar la verdad en las comunidades

Cabuya De León invitó a los líderes sociales a asumir un papel activo. El Consejo de Paz debe llevar información clara a las comunidades para que las personas afectadas conozcan sus derechos y los mecanismos del Sistema Integral.

Explicó el procedimiento para solicitar reconocimiento formal como víctimas ante la JEP. Aclaró que no implica compensación económica automática, sino acceso a verdad judicial y participación en procesos restaurativos.

“Ustedes van a ser multiplicadores de todo este ejercicio para que esto no se vuelva a repetir.”

La jornada dejó una convicción compartida. La paz no se limita a un acuerdo firmado. Exige verdad, responsabilidad y trabajo territorial constante.

Cuando un máximo responsable dice “la falla fue mía”, no se cierra una herida. Se establece un estándar. La coherencia entre palabra y acción es el verdadero desafío.

La jornada vivida con Alejandro Cebulla León nos deja una profunda convicción: la paz no es una firma en un papel, es un ejercicio diario de valentía, verdad y humanidad. Desde la Veeduría Ciudadana, como parte activa del Consejo de Paz Municipal de Neira, celebramos que espacios como este sean posibles, donde la voz de quien reconoce su responsabilidad se convierte en semilla de sanación para comunidades que han cargado por demasiado tiempo el peso del silencio y el olvido. Ver a un hombre que eligió la verdad sobre la comodidad, la reparación sobre la indiferencia y el servicio sobre el protagonismo, nos reafirma que Colombia tiene la capacidad de transformarse desde adentro. Neira, como municipio comprometido con los Acuerdos de Paz, asume con orgullo su rol de multiplicador de esta memoria viva, convencidos de que cada historia contada con honestidad, cada nombre dignificado y cada familia que encuentra respuesta, nos acerca un paso más a la reconciliación que todos merecemos. Este es el camino, y estamos dispuestos a recorrerlo juntos.

Esta jornada de capacitación, celebrada en Neira, Caldas, se enmarca en el cumplimiento de los compromisos del Consejo de Paz Municipal frente a los Acuerdos de Paz. La labor de espacios como este es fundamental para construir memoria, dignificar a las víctimas del conflicto armado y garantizar, desde las comunidades, que los hechos del pasado no se repitan.

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